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La obra de las sordas nació en
1851, para responder a una necesidad apremiante en la segunda parte
del siglo XIX. La comunidad de las Hermanas de Nuestra Señora de
los Siete Dolores se originó con los primeros esfuerzos de enseñanza
a las jóvenes sordas.
Bajo la inspiración y
guía Canónigo F-X. Trépanier, capellán
del Instituto de las Sordas, algunas de estas jóvenes sordas, que
vivían en este Instituto, manifestaron el deseo de entrar en la
Comunidad. En 1887, las Hermanas de la Providencia procedieron a
la formación de un noviciado en el Instituto mismo. Esta comunidad
diocesana se encuentra bajo la autoridad de las Hermanas de la Providencia,
y nuestra superiora general es también la superiora de ellas. El
ministerio de este pequeño grupo de hermanas sirve a personas sordas
o semisordas.
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